Sergio Artero
«-Óigame, yo soy imitador de pájaros.
El director del circo no contestó nada.
Pensó insuficiente aquella habilidad;
el público prefiere un gran espectáculo,
que mueran en la arena esclavos y leones,
ventrílocuos de muerte y sueños olvidados.
Con un leve gesto echó a su visitante
y éste, un poco triste, abrió sus grandes alas
y se marchó volando.
Este poema propio podría definir mi trabajo en Saltatium Teatro».
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