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Silvia Martínez

Cuando se ama el alma se calma. La mayoría de las veces queremos añadir cosas a las cosas o al contrario, quitar cosas a las cosas, es decir, creemos que algo falta o algo sobra en nuestra vida. Este pensamiento y sentir nos crea un desasosiego poco saludable. Si describiéramos esto haciendo un paralelismo con la música diría que desde la calma del habla ¡amo! Puedo amar a cada nota. A cada giro inesperado de la melodía, a cada armónico o desarmónico, a cada fortísimo o pianísimo… la música queda en un segundo plano, como mera excusa del silencio, solo especulación. La paz que resulta de esta calma lo completa todo, impregna todo y yo me entrego, me dejo traspasar por esta vivencia y todo se vuelve sutil y relativo. Tómatelo con calma amigo, me digo una y otra vez, amigo mío. Tanto la vida como la música, tómatela con calma.

(basado en Sergi Torres)

  • 21 de noviembre de 2016