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Mario Arqued

Un soneto barbudo robado a Quevedo.

Érase un hombre a una barba pegado,
érase una barba superlativa,
érase una barba sayón y escriba,
érase un pez murciélago no-afeitado.

Era un nido de pájaros mal encarado,
érase una alquitara pensativa,
érase un fiero león boca arriba,
era James Harden aún más barbado.

Érase una alfombra palaciega,
érase Khal Drogo (Juego de Tronos) en Egipto,
las doce Tribus de barbas era.

Érase un barbísimo infinito,
muchísima barba, barba tan fiera
que incluso en la cara de un hipster fuera delito.

  • 2015