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Lidia Caro

He descendido a los dos cañones más profundos del planeta. He atravesado durante semanas grandes y altas montañas norteamericanas. He tenido soroche, que es el nombre andino que recibe la falta de adaptación del organismo a la hipoxia, que es la palabra de origen griego para describir la falta de oxígeno. He sufrido – en una situación muy distinta – lo que es verse sin dicho elemento durante incontables minutos. Y por ello, he visto durante demasiadas horas el expolio que han sufrido las instalaciones sanitarias públicas de Madrid. He visto la aurora boreal o una aproximación de una nave nodriza extraterrestre a la superficie de la tierra (sigo sin tenerlo muy claro). He compartido espacio vital con llamas, osos, guanacos, monos titi, alpacas, picas de collar, ballenas, focas, leones marinos, alligators, arañas banana, pumas, ciervos, alces, jabalíes, ucumaris, castores, marmotas, topos, quebrantahuesos, cóndores, águilas, flamencos, colibríes y otros respetables ejemplares del reino animalia. Me he dado de bruces contra el suelo – figurada o literalmente – tantas veces que las cicatrices que tengo en las rodillas no se van por mucha mezcla de rosa mosqueta, aloe de vera, colágeno, cera de abeja, dermoabrasión, rayos láser jedi o conjuros vudú que aplique. He sido jodidamente afortunada por conocer lo que es el amor digno de una obra de Esquilo, Sófocles o Eurípides. He sido jodidamente afortunada por conocer y sobrevivir a lo que es el desamor sin tener que refugiarme en Murakami, Kawabata o Mishima. He leído en el periódico sucesos trágicos que hablaban de mí. He abrazado a personas capaces de hacer del mundo un lugar feliz (pero feliz de verdad, nada que ver con el título de cierta novela de ciencia ficción distópica por la que deberías fustigarte si no la has leído y venerado).

Pero hay algo mejor que todo lo que he hecho: lo que me falta por hacer.

(Y hablando de lo que me falta por hacer, quizás debería encontrar un nuevo trabajo, mi perfil profesional es una mezcla de Factótum – estoy pensando en cambiarme el apellido por Chinaski – y Pumpkin y Honey Bunny de Pulp Fiction, esos que decían lo de “¿Un trabajo regular? –No en toda la vida”. Y ahora la ristra de rrss: Linkedin, Instargam y Tumblr.

  • 2014