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Lara Castro

“Vine a hacerme un primer retrato a principios de año, con los 33 recién cumplidos y 12 meses por delante llenos de planes, y aquí vuelvo, 24 horas antes de cumplir los 34 y un 2016 a mis espaldas que en nada se parece a lo que yo esperaba.
Comenzó siendo un año de pérdidas: perdí la vida que había construido y compartido, en los últimos 6 años; la familia al otro lado de los Pirineos; la necesidad de tender la ropa por tamaños y colores; momentos de felicidad completa y de discusiones para olvidar; mi casa; el futuro ya pensado; las fuerzas para escuchar “Sleepwalk”; a Cuki; las protestas ante cada foto (aunque luego me gustara); el aliciente para seguir aprendiendo francés; sonreir de pura ternura; algunos kilos que no echo en falta; dormir acompañada cada noche; comer crêpes porque sí; temporalmente, la tierra bajo mis pies.
Aún así, siempre es más lo que se tiene, que lo que se pierde: conservo mi cordura; el amor y la comprensión, de familia y amigos; a Leia; mi gusto literario, musical, cinéfilo y lúdico; mi ascazo por el gobierno (propio, y unos cuantos ajenos); el disfrute personal que me causa cantar; un trabajo con el que aún me encuentro agusto; mi empatía; las ganas de vivir y conocer cosas nuevas; mi pintalabios rojo; el arrepentimiento por algunas cosas hechas y dichas; mi equilibrio (incluso sobre unos patines); mi Megane del 98;
planes de viajes y conciertos en solitario; mi cariño y respeto, inamovibles, hacia Gaël.
Y, también, han sido meses de descubrimientos: he descubierto que las cosas sólo duelen una primera vez; un nuevo barrio; que mi pelo aún soporta mi necesidad de cambio; que los libros ilustrados me gustan tanto, ó más, que cuando era una niña; Tinder; que no se debe dar nada por supuesto; que aún no estoy preparada  para convertirme en la madre de mis padres; a The Limboos; que necesitaría dos cuerpos para tatuarme todo lo que significa algo para mi; que lo que no se cuida, se muere; Netflix; la capacidad para reirme de mí misma; que puedo; que tengo que celebrar los 34 y la Navidad, porque siempre pesa más el buen rato que la posible tristeza momentánea;
y, sobretodo, que sigo respirando.

Gracias, otra vez, Iván”

  • 12 de diciembre de 2016