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Karla Orozco

El caso es que hace poco enfermé de repente, enfermé de mí más que nunca.

Era un hecho que ser yo y estar siempre conmigo no podía acabar bien. Entre los disparates divertidos y mi carácter singular había una serie de condenas autodestructivas que quizá en ese momento pasé por alto justificándolas con la adolescencia.

Hace unos años esa pequeña parte de autodestrucción me invadió de forma física, mi cuerpo se confundió y quiero pensar que sin querer, empezó a herirse.

He aprendido a reconocer mi dolor como parte de mi existencia y que conste que no lo digo con pena, lo digo con toda la dignidad que cabe en mí. No he dado nunca la espalda a la vida y menos a la que tengo ahora, gracias a la cual he aprendido a valorar cada detalle de las menudencias que me ocurren a diario.

Mi esperanza no es curarme de nada. Sí lo es que nadie tenga que pasar por una situación traumática para empezar a disfrutar de todo lo que le rodea.

El valor de la vida no está en la fugacidad de esta, está en nosotros y nuestra capacidad de amar nuestra existencia.

 

  • 2016