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Eduardo Laporte

Metarretrato

Lo repite a menudo, como un leit motiv, Enrique Vila-Matas en su recomendable última novela (Kassel no invita a la lógica). Un consejo que Mallarmé le dio al pinto Édouard Manet: “No pintes el objeto en sí, sino el efecto que produce”. Pienso en Turner, quizá el inventor del arte contemporáneo, en el momento en que pasa de una pintura topográfica de la realidad a esos mares abrumadores en que todo es luz, color y fuerza. La fotocopia de la realidad acaba siendo menos real que la interpretación de la realidad. Porque en la asepsia de la reproducción no hay emociones, y en la vida siempre hay emociones. Por eso prefiero las buenas novelas a los ensayos. Turner empezó así, haciendo reproducciones fidedignas de paisajes y campiñas con castillos desvencijados; en tiempos en que no existía la fotografía, la función del pintor era también esa, ser notario de la vida. Pero esos dibujos podían servir a la administración para tener un recuento de los edificios con valor patrimonial del condado de Surrey, pongamos, pero distaban mucho de ser arte. El arte tiene que ver con otras cosas, las que se esconden tras las apariencias. Lo interesante del realismo de Antonio López no está en su destreza para reproducir paisajes urbanos. Lo valioso de Antonio López está más allá del cuadro. Y me viene a una cita de El principito, con perdón: “Lo esencial es invisible a los ojos”.

¿Qué tiene que pintar el pintor? Quizá esos elementos que sirvan de empuje a esa otra dimensión; el arte como puerta de acceso al misterio, diremos, en plan solemne.

Hace poco descubrí al escritor polaco Witkiewicz (1885-1939). La editorial madrileña Circulo D’Escritores Olvidados acaba de traducir y publicar el primer tomo de su orillada masterpiece: Insaciabilidad. Fue un artista polifacético, que se ganó la vida sobre todo como retratista. Ignoro si conocía el consejo de Mallarmé, pero se centró en lo de pintar los efectos, más allá del objeto en sí. Y daba una vuelta de tuerca en la recepción de los efectos que le producían los objetos, en este caso, sujetos, individuos, mediante el consumo de distintas drogas, mescalina, peyote.

Preso del afán experimentador, Witkiewicz recurría a esos estimulantes para captar aquello que no se ve a primera vista. Los efectos que produce. Aquello que se esconde bajo ese sentido limitado que es la vista, punta de lanza para todo aquello que está detrás y que es lo que realmente nos interesa.

Se me ocurre que la cita de Mallarmé es válida para todos los que no somos pintores. Buscar en lo que vemos lo que no vemos. El mundo se convierte entonces en un museo inagotable.

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  • 2014