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África Moya

¿Cuándo fue la primera vez que escuchamos la palabra crisis? ¿Cuándo nos acostumbramos a quitarle el apellido de “económica” para aceptar que la crisis se convertiría en algo que lo inundaría absolutamente todo? A mí me parece que algunas palabras, cuanto más se dicen, más pierden su sentido. Es como esas personas que siempre que se despiden por teléfono dicen “te quiero”. Hay un momento en el que deja de ser sincero para convertirse en una costumbre. Y nosotros estamos tan acostumbrados a la crisis que ya hace tiempo que dejó de darnos miedo. A la económica, me refiero.

 

Porque a una crisis personal nadie puede acostumbrarse nunca. Esas también vienen sin avisar, en forma de susto, de imprevisto, rompiendo los planes. Y hacerse mayor es aceptar que es más probable que estos giros de guión sean negativos. Madurar es aceptar que son necesarios. Porque lo que no nos mata nos hace más fuertes, y aunque también sea una frase que estamos hartos de escuchar, un día te despiertas y no existe mayor verdad que esta.

 

Y para hacerse más fuerte, hay que aprender a usar las cosas que nos hacen felices, como las cervezas con los amigos, los hobbies que tenías olvidados, comerte una paella un domingo o escuchar la música que más te guste. Yo siempre pienso lo mismo: “música o metralleta”. Porque si no existiera la música, ya hace tiempo que me habría vuelto una persona agresiva de esas que salen en las portadas de los periódicos. Porque como dicen los Kings of Convenience en mi canción favorita, “prefiero bailar contigo que hablar contigo”.

 

Acercarme al estudio de Iván una tarde de otoño, sorteando la basura que unas personas no están recogiendo por defender sus derechos (olé por ellos) y cruzándome con una manifestación de inmigrantes defendiendo su libertad San Bernardo arriba, también es una forma de ser feliz. Pasé un rato muy agradable, hablando de esto y de aquello, defendiendo la pureza de la paella y de los buenos ilustradores. Pienso volver cuando acabe la crisis, no sé cuál de todas, pero alguna. Porque digo yo que algún fin se acercará, ¿no?

 

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  • 2013